A veces creemos que el consentimiento es solo decir SÍ o NO.
Sin embargo, en el cuerpo, el consentimiento es algo mucho más sutil.
Es una respiración que se expande.
O que se corta.
Es una sensación de apertura…
o una tensión que aparece antes de poder ponerle palabras.
Desde el tantra y la sexualidad integrativa consciente, el consentimiento no se negocia solo con la mente:
se escucha en el cuerpo.
Por eso hoy quiero hablarte de la Rueda del Consentimiento, creada por Betty Martin, no como un concepto teórico, sino como una práctica somática que puede ayudarte a explorar tu deseo de una forma distinta y, al mismo tiempo, a poner límites claros sin culpa.
El consentimiento no es algo que se aprende una vez.
Es una relación viva con tu cuerpo.
Y a veces, empezar a escucharlo
ya es un gran acto de amor propio.
Dos preguntas que lo cambian todo
La base de la Rueda del Consentimiento se sostiene sobre dos preguntas muy simples:
¿Quién está haciendo?
¿Para quién es esto?
Parece fácil. Pero cuando las llevas al cuerpo, muchas cosas se revelan.
Antes de responder con la cabeza, prueba a sentirlo ahora mismo:
-
¿Estás haciendo algo… o dejándote hacer?
-
¿Esto es para ti… o para la otra persona?
No busques una respuesta correcta.
En cambio, observa qué pasa en el pecho, en el vientre, en la respiración.
Los cuatro cuadrantes del consentimiento
Estas dos preguntas dan lugar a cuatro formas básicas de relación, cuatro movimientos que no son buenos ni malos, pero sí muy distintos en cómo se sienten en el cuerpo.
No se trata de quedarte en uno.
Se trata de reconocer en cuál estás.
Dar
Movimiento: yo hago → para el otro
Haces algo para el otro.
Desde aquí, el cuerpo suele sentirse disponible…
o agotado, si no hay deseo real.
¿Doy porque quiero o porque me toca?
Recibir
Movimiento: el otro hace → para mí
El otro hace algo para ti, como tú lo pediste.
Aquí a veces aparece la culpa o la dificultad para relajarse.
🟢 ¿Puedo recibir sin sentir que luego debo devolver algo?
Tomar
Movimiento: yo hago → para mí
Haces algo para ti, con permiso.
Este cuadrante suele incomodar porque toca el merecimiento y el placer.
🔶 ¿Me permito tomar lo que deseo sin justificarlo?
Permitir
Movimiento: el otro hace → para sí
El otro hace algo para sí, y tú simplemente permites.
No haces, no das, no complaces.
🔵 ¿Puedo permitir sin desaparecer ni tensarme?
Consentimiento no es solo acuerdo: es estado corporal
Las sombras del consentimiento (sin juicio)
A veces damos sin que nadie nos lo pida.
En el cuerpo aparece entonces la dificultad para decir que no.
Desde ahí, también puede surgir el tomar sin darnos cuenta del impacto.
No porque seamos “malas personas”. Por así fue la forma que aprendió nuestro cuerpo para cuidarse.
Estas son respuestas adaptativas. Y pueden transformarse cuando hay conciencia y acuerdos claros.
Practicar el consentimiento desde el cuerpo
La Rueda del Consentimiento no es solo un mapa mental.
Es una práctica somática.
Puedes empezar sin contacto íntimo, con algo tan cotidiano como un objeto.
Tomar una taza, una almohada o un pañuelo.
Explorarlo con las manos.
Notar texturas, peso, temperatura.
Cuando haces esto para ti, estás practicando tomar con permiso.
Y eso, para muchas personas, ya es profundamente transformador.
Porque tomar placer, incluso en lo pequeño, va en contra de mucha educación recibida.
Consentimiento como camino de autoconocimiento
Cuanto más practicas esta escucha, más fácil se vuelve notar:
-
cuándo tu cuerpo se cierra,
-
cuándo se adelanta,
-
cuándo duda,
-
cuándo necesita tiempo.
El consentimiento consciente no busca rapidez.
Busca honestidad corporal.
Y desde ahí, los límites dejan de ser una barrera
para convertirse en un acto de cuidado.
Descarga gratuita: Infografía de la Rueda del Consentimiento
He creado una infografía práctica para acompañarte a integrar esta mirada en tu día a día.
Prácticas sencillas para explorar dar, recibir, tomar y permitir,
y propuestas para llevar el consentimiento a situaciones cotidianas.
